Testimoniales
Testimonial I
“…y sus ojos sin pavor
como si no se dieran cuenta”
Livia Hidalgo
Observo a la mujer
La pobreza
que contamina el lugar
por donde pasa el silencio
No escucho a nadie implorar perdón
por ese pájaro herido.
Y me abriga una certeza:
un amanecer sombrío
aviva el fuego de otros lutos
una turba de sombras
viene a presenciar la caída.
Y ella sigue ahí,
sin pavor en los ojos
a punto de parir su muerte
escuchando - casi con devoción –
el fecundo sermón de la oscuridad.
II
Donde construyen la nueva Terminal
hay una casa que rehúsa a irse
y también bajo el puente
una mujer que escupe soledad
sobre el rostro del tiempo.
Uno de estos días
alguien de agotada ternura
llegará a decirles
que ella y la casa deben irse
que hablen con sus respectivas muertes.
La esclavitud es la maleza
que dejas crecer en la sangre.
Respirar
con la pata de un elefante
sobre la garganta
viendo apenas la mueca de una sombra
sobre mí
El silencio se ahoga
en su propia saliva
nace un grito del desgarramiento
Poemas Ineditos
Es mi casa,
mío el instante
el papel donde poso las palabras
extrañamente
la obra me parece ajena
me conmueve
ese racimo de dolor
sobre la mesa.
Palabras y recortes by ldlsantos
Ella sigue siendo quien castiga
quien fatiga la luz
y obliga a tropezar con piedras de sombras
mas sombras by cayoningirl
Poemas
Hoy a muerto un hombre joven
un hombre
que esperaba el frío
lo velaron
sin las huellas del otoño.
Con la luz de los sueños
a media asta
sin tiempo para el abrazo
a los que parten
En el armario de su trabajo
una taza
una toalla
un jabón
y ese silencio de olvido
* * *
Palpa la vida como puede
entre el silencio
y la luz
Se alimenta de insomnio.
No quiere ese sueño
* * *
Siempre
por la puerta del fondo.
No puede acercarse
a la ventana de la certeza
turbada
por esa sombra suya
que engrosan los fantasmas.
* * *
Abre la caja
que fuera de galletas
juega con lo que queda
de la infancia
un recuerdo
le martilla los dedos
se sobrecoge
como una araña
pisada.
Lily Chavez
Poemas Breves
Hay dolor en esos pasos
que se acercan
donde se quema
el tiempo
*
He dejado la palabra
atada
con su penitencia de silencio
como quien sepulta un latido.
*
Le ha sido destinado
un manojo de tiempo
ya vencido.
*
Deja un ramo de flores en la tumba
como quien riega un árbol
sin raíces.
La Peste Negra
Por Lily Chavez
Fue mientras le secaba el sudor que Elena descubrió en el cuerpo de su hijo aquellos bubones oscuros en la ingle y las axilas. Sintió escozor, Giovanni estaba infectado y ahora entendía que la fiebre no hubiese cedido pese a los cuidados.
Los sirvientes, vivos hasta la noche anterior, yacían en el piso de la sala. Los llantos y gemidos desde la casa contigua no acallaban. Parecían haber quedado únicamente los niños. Se cubrió los oídos, no tenía forma de socorrerlos.
Malditos genoveses, la noticia de sus muertes debía conocerse ya en toda Milán. Los mercaderes habían escapado del barco en cuarentena burlando el control y se instalaron a beber en la taberna, sin pensar en las consecuencias. Pero, ya no eran sólo los marinos, también las ratas con las pulgas encima llegaron a nado hasta el puerto avasallando la ciudad y se las podía ver ahora, atravesar los travesaños de los techos o entrando por los desagües.
Ella no estaba dispuesta a ver morir a su único hijo. Necesitaba ayuda pero cómo salir; las puertas y ventanas habían sido selladas por fuera durante la noche. Allí, en su casa y las dos aledañas fue donde se desencadenó todo.
Recordó entonces el pasadizo que su padre, en épocas de conspiraciones y revueltas campesinas, utilizaba para salir de la casa sin que nadie se percatara. No dudó, envolvió a su hijo en una sábana y con él en brazos, recorrió metros y metros en medio de una espesa oscuridad. También ella empezaba a sentirse mal. Las piernas le flaqueaban y la debilidad la obligó a detenerse varias veces. El final del túnel debía estar cerca. Comenzaba a vislumbrar una luz pero esta, lejos de dar claridad, parecía abreviarse.
La respiración de Giovanni se tornaba por momentos inaudibles. Elena apresuró el paso. Veía sólo la cabeza de un hombre e imaginando lo peor, lo miró directo a los ojos, suplicante.
Es orden del Obispo, dijo el esclavo – no sin pesadumbre – y colocó el adobe que cerraba por completo aquel pasaje.
Noviembre de 1966
Un texto
de la serie Personajes.
La intensa lluvia de la tarde ha obligado al grupo de hombres a salir de la manigua y buscar refugio en la casa. Deben explorar el curso del Río Ñacahuazú, pero es imposible con ese tiempo. También se ven impedido de seguir con el túnel que han comenzado en la quebrada del río, es urgente guardar allí, lo que pueda comprometer a quienes les han dado asilo en su casa.
Todos están sin nada por hacer. Tumainí y Pacho se sacaban las garrapatas del cuerpo que se les ha vuelto una verdadera plaga.
El que parece ser el jefe permanece tirado en un catre, alejado de las conversaciones. Sus intenciones son otras; saca de bajo la chaqueta que le sirve de almohada un cuaderno donde escribe con letra pequeña y casi ilegible todo lo que acontece, sacude insistentemente su mano alrededor de la cabeza para ahuyentar las yaguasas que aunque no pican, son molestas. El está más acostumbrado a la presencia de jejenes y mairquines. Podría hacer uso de su hamaca con mosquitero, pero le parece que eso es un privilegio que no cabe cuando sus hombres la pasan mal, tienen hasta llagas en las picaduras infectadas.
“ Me está creciendo el cabello y la barba nuevamente. Las canas simuladas se me están volviendo amarillentas y pueden provocar sospechas. Ese vecino metido, el tal Argañaraz, anda comentando que nos dedicamos a la cocaína y sin querer puede ponernos a toda la milicada atrás. Ruego que mejore el tiempo para no seguir atrasando los planes.” – escribe
Cierra los ojos con el libro en la mano. Los demás saben que es la forma que él tiene de pensar. Al día siguiente va a establecer un enlace con los hombres del Chino para pasar armas a una región cercana a Puno, del otro lado del Titicaca.
Llueve los siguientes tres días. Tan intensamente que ni siquiera pueden enviar por provisiones. Inti y Urbano tratan de atrapar algún venado, pero sólo cazan con el M-1 un pavo que es reservado para el desayuno del día siguiente.
El domingo y para evitar que el ánimo de su gente decaiga, el jefe charla con sus hombres tratando de tocarles las fibras más sensibles; les hace un llamado a la conciencia y al honor. Es tan fraternal y humano, como en ocasiones, exigente y severo. Pero nadie tiene duda que el respeto que despierta se debe a la fuerza tremenda de su propio ejemplo.
Unos tiros a los lejos inquietan al jefe. Camina de un lado a otro con la camisa fuera del pantalón y con el pantalón fuera de los borceguíes. Le molesta ver a sus hombres inactivos y no tener ninguna noticia sobre el campamento 2, mucho más.
No hay mojadura que pueda espantar los sueños le dice de pronto a sus hombres. Y sale a explorar el arroyo entre los derriscos de piedra dura que ahora es puro lodo. Sus hombres lo siguen, saben que no tienen alternativa ni posibilidades de hacerlo entrar en razón. Sólo su amigo Alberto Granado se animaba a contradecir al “Che”. Y él no estaba allí para convencerlo.
Liliana Chavez
El árbol
hace callar las hojas
lo sobrecoge
no escuchar a los pájaros
imagina
que el tiempo sin diálogo
ha llegado.
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¿Las alas?
Apenas para algunos vuelos
No alcanza la vida
para tanto retorno
Hay cazadores
expertos
que juegan
a precipitarlas.
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El silencio
ha cantado un himno
esta mañana
Me ha frotado
los ojos
con agüita de amanecer
puso a la memoria
de testigo
volvió dócil
la palabra
convidó con horas
mansas
pacientes
Por eso
alla afuera
el tiempo
camina
sin mí.
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